Después de muchas investigaciones, he llegado a una clarificadora conclusión: Valia Merino Vallina no es Dios. Su palabra no es palabra de Dios, y sus actos se parecen más bien a los de un simple e incómodo mortal.
Para aclararme, he tenido que realizar una comparación entre Valia Merino y la representación de Dios en Unión, Progreso y Democracia.
- La representación de Dios en Unión, Progreso y Democracia defiende a ultranza la gran diferencia con los demás partidos políticos, y afirma en un Consejo Político que, si se votan listas abiertas para la elección de miembros del Consejo de Dirección del partido, dejará de manifestarse como Dios y se marcharía.
Valia Merino siempre ha sido elegido directamente por los afiliados y proclama las listas abiertas como fórmula de elección de los órganos internos del partido.
- La representación de Dios en Unión, Progreso y Democracia tiene, como hijos predilectos, a las personas más odiadas por los afiliados por poner en práctica técnicas noenazis que vulneran la libertad de expresión y el derecho de reunión.
Valia Merino se reúne con quien le da la gana y fomenta la discusión y la legítima discrepancia interna en cualquier momento y lugar que los afiliados estimen pertinente.
- La representación de Dios en Unión, Progreso y Democracia decide cuál debe ser el modelo de Estado, y se pronuncia a favor del federalismo, cambiando unilateralmente el criterio que atrajo a los afiliados al partido. Y también se pronuncia abiertamente a favor de una Ley de plazos del aborto, porque es mejor no molestar a los afiliados con consultas y debates internos sobre este tema, pues Dios debe decidir sobre los asuntos que afectan a la moral de todos.
Valia Merino tiene sus propias opiniones al respecto, pero el muy tonto consultaría a los afiliados sobre temas de tanta relevancia. No cabe duda que no sabe cuál es la Verdad.
- La representación de Dios en Unión, Progreso y Democracia recibe en mano las quejas de sus afiliados, pero decide no sólo no contestarlas, sino darlas por no recibidas porque, en su reino, todo debe pasar por el Registro. Y si a las personas valiosas no les gusta, lo mejor que pueden hacer es marcharse, ya que, en caso contrario, serán convenientemente expedientadas.
Valia Merino escucha las reclamaciones de todos y se mueve con diligencia para averiguar cuáles son todos los puntos de vista, sin rehuir nunca la toma de decisiones e intentando atraer y mantener a toda persona valiosa.
- La representación de Dios en Unión, Progreso y Democracia, cuando le presentan una solicitud de apertura de expediente disciplinario a un miembro de su dirección debidamente “pasada” por Registro, afirma que nunca se ha recibido nada.
El pobre mortal de Valia Merino, como bárbaro que es, dimitiría si alguien le coge en una mentira, averiguaría qué ha pasado con ese escrito de no saberlo, y cortaría cabezas a diestro y siniestro entre los implicados en el fraude a los afiliados. Un auténtico monstruo.
- La representación de Dios en Unión, Progreso y Democracia entiende que la limpieza democrática permite que en las mesas electorales, recepcionando los votos de los afiliados y efectuando su recuento, estén las mismas personas que figuran en las listas de elegibles.
A Valia Merino, ese pobre hombre, se le rasgan las vestiduras sólo de pensar que quien le recoge el voto y luego lo recuenta es también quien puede ser elegido. Sin duda, ese pecador no cree en la bondad intrínseca de las personas y debería ser expulsado.
- La representación de Dios en Unión, Progreso y Democracia se publicita con su presencia permanente en los medios internos del partido, antes y durante la campaña electoral, incluyendo los blog de Dios, de San Carlos y de San Marcos.
Y ese desecho humano que es Valia Merino aspira a que todos los candidatos tengan las mismas opciones de publicidad ante los afiliados. ¿No sabrá que en las alturas no pueden estar más que los elegidos por la Divinidad?
Concluyo, por tanto, que Valia Merino nunca ha sido Dios. Que sus seguidores no son santos, porque se hacen preguntas entre ellos e, incluso, discuten con él. Que las ideas locas que representa son propias del Diablo, y que la única verdad la ostenta la representación de Dios en Unión, Progreso y Democracia.
Por ello, y como súbdito que soy, seguiré a mi Dios haga lo que haga, no discutiré sus actuaciones porque gozan de presunción de veracidad “iuris et de iure” (pues están inspiradas por su divinidad y, por extensión, no admiten nunca prueba en contrario), y me pegaré lo más posible al trasero de Dios, porque estoy seguro que Valia Merino no tiene culo o, si lo tiene, hasta se tirará pedos sin fragancia divina.
Ya puedo ir a votar.
(Por Julio Garrido)
Hace unas semanas el Tribunal Supremo de Justicia, ha rebajado en 14 años la condena impuesta por la Audiencia de Madrid (58 años de cárcel) al pederasta, Álvaro Iglesias Gómez, alias Nanysex. La rebaja de la pena, según el magistrado ponente Joaquín Giménez, se debe a una rectificación de índole técnico, al eliminar el agravante de abuso de confianza. Este pederasta junto con sus cómplices, violó a cinco niños menores de entre 1 y 2 años, grabaron estos hechos y los difundieron en Internet. La difusión de estas imágenes, fue lo que llevó a su posterior detención.
La sentencia dictada por la Audiencia de Madrid, no recoge cada una de las violaciones como hechos aislados - motivo este que llevó a plantear el recurso ante el Tribunal Supremo - sino como delito continuado favoreciendo de esta manera al reo. Además, para más escarnio, la sentencia indica que no hay agresión sexual porque “no se ha acreditado que haya existido realmente violencia física o intimidación”. También indica que: “No se aprecia de manera clara dicha fuerza como un acto continuado, constante y tendente a vencer la resistencia y voluntad que pudiera presentar la víctima que intenta preservar así su libertad sexual". Recordemos que son bebes de meses ¿que resistencia pueden oponer, un bebe de meses o un niño frente a un adulto?
La sentencia, que es firme y por tanto no recurrible, condena definitivamente a 44 años de prisión al condenado Alvaro Iglesias Gómez. Intuyo que los años reales que pasará en la cárcel, posiblemente con el tercer grado y reducciones varias, no excederán de los 14 años. Es decir, saldrá de la cárcel cuándo tenga unos 40 años. Sus cómplices, José Gómez Cansino y a Eduardo Sánchez Moragues, con condenas menores 25 años y 10 años respectivamente, saldrán de la cárcel mucho antes. Está probado por otros casos, como el violador del Eixample de Barcelona y otros más, que estos individuos no se reinsertan.
Uno de los cómplices implicados en estos execrables hechos, violó a un menor en EEUU, por este hecho se enfrenta allí a la cadena perpetua.
Obviamente no comparto la doctrina emitida por la Audiencia de Madrid, al no considerar cada una de las violaciones como delitos aislados. La violación de menores, necesita de un mayor amparo por la Justicia. Asimismo, no es entendible en ningún caso, la justificación de la NO RESISTENCIA a ser violado por un menor, con la finalidad de favorecer al que ha cometido este atroz delito. ¿Alguien me puede explicar como un niño de 1 año puede oponer resistencia a un adulto? Teóricamente según este argumento, cuándo un niño es golpeado y maltratado por su progenitor, en algunos casos hasta la muerte, ¿no tendría que haber ofrecido resistencia, ante tal brutal agresión?
Vemos cada día anuncios que nos recuerdan del maltrato a la mujer, donde dirigirnos y nos animan a denunciar. Es necesario, por la mayor indefensión y desprotección del menor, que se tome conciencia en endurecer nuestras leyes, de crear los mecanismos jurídicos y policiales que den una rápida respuesta ante estos hechos.
Imagino la sensación de impotencia que tienen que tener los padres de estos niños. Sensación de desamparo y de injusticia. La víctima en muchos casos, no tiene derechos, sólo le queda acatar. Alguien ha pensado en las posibles secuelas psicológicas que quedarán en esos niños.
No podía dejar pasar por alto algo que desde mi punto de vista es una INJUSTICIA.
(Por Julio Garrido)
Una vez alguien me dijo que vivíamos en un país en el que el Nacionalismo regional exacerbado, tenía atenazado al resto de la España Constitucional.
Esa persona me hizo una reflexión que yo anteriormente había tenido igualmente en mi cabeza ¿como es posible que unos grupos pequeños (claramente minoritarios) que no les gusta la idea de Nación, tengan tanto peso y puedan oprimir a un grupo mayoritario y democrático? Lo cierto es que pensaba que encontraría una respuesta sencilla y rápida, pero no la encontraba.
Esa persona me dijo que esta situación tenía que cambiar, me dijo que había que modificar las Normas y las reglas del juego, me dijo que unos pocos no pueden quitar la autoridad democrática de unos muchos. Me dije esto es, hay que cambiar las reglas. Si el actual Estado y la actual Norma, permiten esta situación hay que cambiarla. Pero automáticamente me hice la siguiente pregunta: ¿por qué los demócratas, los diferentes demócratas que han podido cambiar esto, no lo han hecho? Es raro puesto que parece que todo el mundo se queja de algo, pero nadie lo cambia. Entonces me dije voy a seguir a esta persona que parece que tiene claro lo que debemos hacer y ella me guiará en el camino.
Bien me aliste en una organización que decía ser democrática, plural y respetuosa. Al cabo de un tiempo y de indagar en este espacio plural, democrático y respetuoso, conocí personas nacionalistas. Si como lo oyen dentro de la organización que luchaba contra los nacionalistas, pero me dije estoy en buenas manos imagino que esa persona con la cuál yo me embarqué los habrá localizado y al igual que opina que esto se tiene que corregir en el ámbito nacional, lo hará en esta organización. Es decir, los echará y seguiremos en una mayoría democrática, no dominada por unos pocos indeseables.
En fin: con el paso del tiempo, observaba que lejos de minar a estas personas, ellas se crecían y tomaban un peso cada vez mayor dentro de la organización, desplazando a los auténticos demócratas, imponiendo con total autoritarismo su voluntad sectaria.
Comenzó a inquietarme que esa persona, que me había dicho tranquilo esto tiene que cambiar, no hiciera nada y permitiera campar a sus anchas a los autoritarios “nacionalistas” de esa organización.
Preocupado por esta situación, los demócratas en un último intento de evitar este triste destino, unieron sus fuerzas para denunciar lo que ocurría, pero todo fue inútil. Comprendí, que esta persona nos había engañado y nos había utilizado para sus fines, autonombrarse la salvadora de esta España que no conoce otra cosa que políticos sin escrúpulos arropados con la capa de la democracia. Comprendí también que no tenía ninguna intención de cambiar nada, sino que fuera una prolongación de lo ya existente, ese quítate tu que me pongo yo.
Tuve que salir inmediatamente de esta organización totalitarista, que no respeta el sentido democrático. Me sentí totalmente engañado y defraudado.
Imagino que este relato a más de uno os resulta familiar, lo lamentable es que sea cierto. Esto es lo que ocurre dentro de UPyD y la culpable de mantener toda esta situación es la Dirección del Partido con Rosa Díez a la cabeza.
Sobre un montón de noticias tristes en un mismo día, ayer recibí una llamada de mi madre desde Becerril de la Sierra que me dejó desolado: ¡Se está quemando Nuestra Montaña!
Yo iba de camino al campamento de mi sobrino en Los Arroyos para recogerlo y comer juntos, y desde la carretera de la Coruña, a la altura de Las Rozas, se podía ver la impresionante columna de humo. ¡Nuestra Montaña!
Mi primer recuerdo de la montaña de Collado data de muy pequeño. Tendría unos 6 ó 7 años cuando mi padre nos llevó de excursión a los tres hermanos, junto con 5 de mis primos, por esa enorme montaña en cuya base se encuentra el pueblo de Collado Mediano.
Éramos fuertes y atrevidos, así que subimos por la ladera sur cantando canciones montañeras (todo el mundo sabe que cualquier canción se convierte en montañera cuando se canta en la montaña) y recogiendo palos que nos servían de bastón, arco o espada, según se terciara.
En un momento determinado, mi padre se subió a un enorme árbol y nos gritó: “¡Atención, mis piratas! ¡Este es el mástil de mi navío, y veo venir un barco que vamos a asaltar! ¡Todos a las armas! ¡Preparad los cañones!” Y todos nos subimos como pudimos al árbol y cantamos una canción de piratas que no recuerdo (todo el mundo sabe que cualquier canción se convierte en “de piratas” cuando se canta en un árbol pirata). A partir de ese momento y durante mucho tiempo, siempre recordamos la montaña de Collado como “La Montaña de los Piratas”.
La excursión terminó en una presilla que hay debajo de la gran presa de Navacerrada, donde tenemos una foto debajo del torrente creado por la apertura de una pequeña exclusa.
Años más tarde, mi madre se levantó muy temprano e hizo unas tortillas de patata de las de chuparse los dedos. Llegamos a Collado y, tras dar la vuelta a la montaña por uno de sus senderos, nos sentamos a comer en uno de sus miradores. Mi madre sacó las tortillas y las dejó un segundo sobre una piedra para abrir el pan de los bocatas, pero en ese descuido, cientos de hormigas se subieron sobre ellas y empezaron a zampárselas. ¡Menudo disgusto cogió mi madre! Por mucho que lo intentara, con mi padre de lugarteniente, no pudo despegar a las hormigas, y las tortillas acabaron rodando por el suelo.
Nos quedamos sin comer, pero a mis padres les empezó a dar la risa y todos reímos juntos con el estómago vacío. Desde ese momento, y durante muchos años, siempre recordamos la montaña de Collado como “La Montaña de las Hormigas”.
Pasaron los años, y tuvimos la enorme fortuna de compartir la vida con nuestro perrito. Uno de sus paseos favoritos era, por supuesto, la montaña de Collado. Por sus caminos corría y tenía aventuras con culebras, saltamontes y lagartos. Le encantaba colocarse de pie, apoyando las patas sobre los pinos, y ladrar a las ardillas, que lo observaban desde lo alto con cierto pasotismo. Desde ese momento, y durante muchos años, siempre recordamos la montaña de Collado como “La Montaña de las Ardillas”.
Pero nuestro perrito un día se marchó, llevándose con él una parte esencial de cada uno de nosotros. El vacío no lo podíamos llenar, pero sentíamos su presencia mientras caminábamos y le veíamos subido en cada árbol y metiendo el hocico en cada roca. No sé lo que pasó en la cabeza de los demás miembros de mi familia, porque nunca hablamos de ello, pero a partir de ese momento la montaña de Collado pasó a ser para todos “Nuestra Montaña”, aunque dejamos de cantar.
Sin embargo, las canciones de montaña, los piratas, las hormigas y las ardillas regresaron cuando mi sobrino Fernando cumplió cuatro años y también caminó por nuestra montaña, viviendo sus propias aventuras que ahora comparte con sus primos Silvia y Javi.
Nuestra montaña siempre ha estado presente en nuestras vidas, y nunca hemos dejado de acudir a ella. Pero lo más curioso es que, años más tarde, he encontrado una compañera de vida que, curiosamente, tiene a la montaña de Collado como “Su Montaña”.
Aunque resulte increíble, ella ha acudido desde muy pequeña a la misma montaña, desde que pasaba los veranos en las convivencias de su colegio de monjas y salían en busca de aventuras por sus laderas. Incluso años más tarde, siempre ha vuelto a “Su Montaña” para presentársela a su familia o, simplemente, para pasear por ella sus alegrías y tristezas.
¿Será posible que nos hayamos cruzado en los senderos antes de conocernos? Allí se debieron cruzar por primera vez, sin nosotros saberlo, nuestros caminos. ¿Cómo es posible que para ambos sea “Nuestra Montaña”?
Pero cuando mi madre me ha dado la noticia, no me lo podía creer. Con mi sobrino en el coche hemos subido a Becerril y hemos visto las malditas llamas. Se estaban comiendo toda la montaña en diferentes frentes, y la cantidad de humo generada daba al ambiente un triste tono gris, llenando nuestros ojos de partículas de ceniza y haciéndonos llorar.
Hoy ya está extinguido el incendio, y toda la familia nos hemos conjurado para volver, dentro de unas semanas, a curar a Nuestra Montaña plantando semillas y pequeños pinos. Vendrán nuevos barcos piratas y podremos asaltar nuevos navíos.
Mis ojos de ceniza ya no lloran, y mirando a la montaña puedo ver las ardillas, las culebras, los lagartos, los saltamontes. Y también puedo escuchar, entre las chimeneas de humo, las canciones de piratas de mis padres, mis hermanas, mis primos y mis sobrinos.
Porque todo el mundo sabe que las canciones siempre serán “de piratas” mientras quede en la montaña un árbol pirata.
Wikipedia:
“El Impeachment es una figura del Derecho anglosajón (específicamente en Estados Unidos y Gran Bretaña) mediante el cual se puede procesar a un alto cargo público. El Parlamento o Congreso debe aprobar el procesamiento y posteriormente encargarse del juicio del acusado (normalmente en la cámara alta). Una vez que un individuo ha sido objeto de un impeachment tiene que hacer frente a la posibilidad de ser condenado por una votación del órgano legislativo, lo cual ocasiona su destitución e inhabilitación para funciones similares.
El término impeachment literalmente significa "BOCHORNO", y tiene su origen en la Edad Media, cuando el parlamento inglés lanzó acusaciones contra el rey y sus colaboradores por derrochar caudales públicos, avergonzándolos. Las traducciones al español más comunes son "moción de censura", "impugnación", "impedimento", o "acusación pública" (también se usa "juicio político").”
En Estados Unidos, el Impeachment es el derecho que tiene el Congreso, previsto en su Constitución, de acusar, o impugnar, para separar de su cargo, al presidente, vicepresidente o cualquier oficial civil que incurra en faltas o mala conducta.
Un famoso ejemplo lo encontramos en el Impeachment de Clinton, que a pesar de lo que mucha gente cree, no se inició por una racioncita de sexo a pedir de boca con una becaria, sino por haber mentido públicamente sobre ello. También las mentiras de Nixon, obstruyendo la acción de la Justicia, pusieron fin a sus días en la Casa Blanca.
Llegados a este punto, la regeneración democrática que preconiza Unión, Progreso y Democracia, y que debiera formar parte de su propia esencia, haría necesario que los afiliados reclamaran la instauración de la figura del IMPEACHMENT (u otra similar y adaptada a las características orgánicas de un partido político), con objeto de que cualquier cargo político deba someterse a una “control de bochorno” cuando cualquier afiliado, en uso de sus derechos como tal, o incluso cualquier agente externo (un ciudadano) denuncie formalmente sus abyectas o aviesas acciones o sus mentiras.
La mentira nunca puede salir gratis, y mucho menos a aquellos que nos representan políticamente como afiliados o como ciudadanos, ya que su comportamiento constituye un ejemplo para la sociedad y las futuras generaciones.
De esta manera, y existiendo aportaciones indiciarias de conductas que, por faltar a la verdad, pudieran justificar la apertura de un proceso de Impeachment, todos los representantes políticos, por sanidad democrática, deberían someter sus actuaciones y declaraciones a lo que podríamos denominar un control de veracidad, cuya lógica consecuencia sería el bochorno público y la expulsión de la vida política en caso de acreditación de los hechos imputados.
Solo de esta manera podríamos evitar la insana costumbre de muchos cargos políticos (entre ellos de UPyD) de faltar a la verdad con desparpajo y soltura para, haciendo chascarrillos, evitar un pronunciamiento directo sobre posibles mentiras a los afiliados y, por extensión, a los ciudadanos que representan o pretenden representar. Ya que el concepto de dimisión no se encuentra arraigado en ningún parido político, y el mensaje de regeneración democrática de UPyD parece contemplar la impunidad de los cargos ante la mentira, el proceso de Impeachment se nos antoja como un cauce adecuado para garantizar el triunfo de la verdad.
Por ello, y siendo conscientes de la existencia de, cuando menos, indicios que acreditan que por parte de Rosa Díez y Carlos Martínez Gorriarán se ha tenido conocimiento de hechos muy graves imputados por afiliados a Unión, Progreso y Democracia, y pudiendo acreditarse que han declarado su desconocimiento y se han mantenido inactivos ante los mismos, en defensa de los principios y valores democráticos y de la regeneración social procedemos a la apertura extraoficial de un PROCESO DE IMPEACHMENT a Dª. Rosa Díez y a D. Carlos Martínez Gorriarán, en virtud del cual cualquier persona, a partir de este momento, podrá aportar declaraciones de hechos y justificantes de los mismos para conformar un “expediente de bochorno” frente a las citadas personas, que culminará, en su caso y previa oportunidad de defensa a los afectados, en una petición pública de dimisión en todos sus cargos en caso de poder acreditarse con suficiente contundencia alguno de los supuestos imputados.
Necesitamos la colaboración y experiencias de todos aquellos que se han marchado de UPyD por diferentes motivos, vinculados al desencanto con las actuaciones de sus dirigentes, a la apertura de expedientes disciplinarios injustificados, a la falta de contestación a las denuncias internas, a la posible coacción o espionaje y, en definitiva, a cualquier actuación del partido imputada o consentida por sus dirigentes.
Asimismo, los afiliados que todavía permanecen en el partido y quieren luchar por la decencia de los cargos que los representan, encuentran aquí un cauce adecuado de reivindicación de los valores del manifiesto Fundacional de UPyD.
Por la verdad y por la auténtica regeneración democrática:
“Impeachment” a Rosa Díez y Carlos Martínez Gorriarán
Para quienes les guste el tema legal, el impeachment implica tanto el acto de formular la acusación, como el resultado del juicio por los cargos presentados, que puede ser tanto la absolución de los cargos como el veredicto de culpable por los mismos. En éste último caso el funcionario procesado es cesado de su cargo y, si los cargos lo justifican, el funcionario puede ser puesto en prisión preventiva antes del juicio. Los fundadores de la Constitución de los Estados Unidos idearon un Presidente como el sustituto rey del Reino Unido, y como no se espera que ningún Presidente dimita, se estableció el antiguo mecanismo de impeachment para hacer cesar al Presidente de su cargo por medio de una especie de juicio político.
Conocí a un hombre gordito, con forma de corazón, en la Coordinadora de Madrid.
El primer día que acudí a una reunión, el hombre gordito expresaba sus opiniones con contundencia y todos le miraban con respeto y cierta admiración. Había salido en la televisión en múltiples ocasiones y era ampliamente conocido por su defensa de la democracia y su lucha abierta contra los asesinos de ETA. Era, por tanto, un referente para todos.
Admitía sin problemas cualquier discusión de sus propias posiciones, con un carácter de hierro y, a veces, hasta con un poco de mala leche que, tras unos breves instantes, dulcificaba con una sonrisa.
Sin embargo, a pesar de su peso político y moral, en las siguientes reuniones algunas personas decidieron provocarle en sus principios, atacarle en sus valores, y expulsarle de un partido al que dio todo su trabajo, esfuerzo, y dedicación personal y profesional.
El hombre gordito creyó que tales personas no podían estar amparadas por la dirección del partido, así que denunció abiertamente ante sus más altos representantes la situación de que estaba siendo objeto y el sistema dictatorial instaurado en Madrid, aportando múltiples pruebas documentales al respecto.
Sin embargo, quedó claro que la dirección del partido no pretendía una regeneración interna, simplemente porque entendía que no había nada que regenerar, que se podía expedientar a las personas por reunirse con otras para hablar de política o por criticar cómo se están haciendo las cosas.
Y el hombre gordito, que nunca se arrodilló ante nadie, que siempre trabajó por la democracia y que defendió la libertad de todos frente a las pistolas, decidió marcharse con sus principios, sus valores y su libertad intactos.
Mi nombre es Carlos Novillo Pérez, Afiliado nº. 4.883, miembro de la Coordinadora Territorial de Madrid y miembro del Consejo Político. Y el hombre gordito, con forma de corazón, se llama MIKEL BUESA.
Hoy ha sido un gran día. Después de chapotear juntos en la piscina, de cientos de risas y algún que otro golpe, mi mujer, mi hija y yo hemos visto en la tele “Nacida libre”.
La película está basada en la historia real de Elsa, una leona adoptada en Kenia por dos magníficos ejemplares de seres humanos. Mientras fue un cachorrito todo fue bien, pero al crecer empezaron los problemas, y tuvieron que tomar una complicada decisión: llevarla a un Zoo o liberarla. Decidieron liberarla en una reserva, pero para ello debían enseñarle a sobrevivir en la naturaleza, cosa extremadamente difícil, pues estaba muy domesticada y a cada intento sobrevenía un fracaso. Elsa casi se muere.
Finalmente, consiguieron que se adaptara de nuevo a la libertad y se uniera a una manada, llegando a tener cachorrillos que presentó a sus antiguos amigos humanos.
En realidad, no se quién de los tres se ha reído, emocionado y llorado más, pero hemos sido felices compartiendo sentimientos y deseos. Al terminar, mi cachorrita rubia de 6 años me ha cogido la mano y me ha dicho: “Papá: te quiero mucho y me puedes contar por qué estás preocupado”.
¡Me he quedado tan sorprendido! ¡¿Cómo ha podido darse cuenta?! No he podido hacer otra cosa que darle un beso y abrazarme a ella. Soy muy consciente de lo afortunado que soy y, de nuevo, he ganado la lotería.
Ya en la lotería de los padres me tocaron unos realmente maravillosos. Me dieron sustento, para no tener que rendirme por hambre. Educación, para no tener que rendirme por incultura. Valores, para no tener que rendirme por interés. Amor, para no tener que rendirme por afecto. Y libertad, para poder elegir en cada momento si peleo o me rindo.
Y ahora es mi pequeña quien me hace darme cuenta de la suerte que tengo. Así que, como siempre contesto a sus preguntas, le he contado mi preocupación, siendo consciente que sólo es una niña y, en un minuto, estará dormida o jugando con su nuevo muñeco de Doraimon. Pero como también Gloria, mi mujer, me mira fijamente, me lanzo a compartir mis inquietudes.
“Mira Lucía: Aunque todavía eres pequeña, un partido político es un grupo de personas que se juntan para hacer muchas cosas juntos, y esas cosas tienen que ser buenas para todos los demás, aunque no estén dentro del partido político.”
“Hace algunos meses me he acercado por primera vez a un partido político simplemente para intentar ayudar a mejorar las cosas. Es un partido nuevo, con mensajes de regeneración democrática y defensa de los valores esenciales de nuestra sociedad”. - Lucía acaba de desconectar y ya está jugando con su Doraimon. Supongo que eso de la regeneración democrática ha sido demasiado complicado para ella. Pero Gloria me escucha con atención.
“Por primera vez he sentido alegría por la difusión pública de las ideas que siempre había mantenido, y si vieras cuánta gente se ha sumado con ilusión al nuevo proyecto, dejando en él su tiempo y trabajo, te quedarías asombrada.”
Gloria me acaricia el pelo, porque sabe que ahora ya no es lo mismo.
“Sabemos que lo importante no son las personas, sino los proyectos y las acciones en que se materializa. Pero también sabemos que las personas son la imagen del proyecto, y que, de no escoger con cuidado, no solo pueden pervertir el mismo, sino también desmotivar a todos los ilusionados. Y eso es lo que está ocurriendo, Gloria.” - A estas alturas, Lucía ya se ha bajado del sofá y ha iniciado una batalla de muñecos en el suelo.
“La gestión interna de un partido político debe profesionalizarse, y profesionalizar no es la fabricación interna de personas que tengan la política como su profesión (desempeño de una función a cambio de un sustento), sino organizar y realizar actividades con ciertas garantías de obtener un resultado de calidad o excelencia.” – Gloria asiente, pero no me dice nada. Creo que sabe que necesito descargarme con alguien.
“Me siento utilizado, Gloria. Después del trabajo, de vosotros, me pongo mi antiguo mono de trabajo y salgo por la noche a pegar carteles del partido. ¡¿Para qué?! ¿Para que se promocionen personas individuales? ¿Para que no me escuchen cuando propongo a personas valiosas? ¿Para que me digan lo que es bueno o malo dentro del partido? ¿Para que no me dejen plantear propuestas alternativas de organización cuando creo firmemente que las cosas se están haciendo mal?”.
“Yo, como tantos otros, he vivido la política en libertad, con mis ideas y mis esfuerzos personales ejercidos como me ha dado la gana. Y si no he entrado nunca en política ha sido por la podredumbre observada en personas que sólo buscan vivir de los demás. ¡¿No era esto diferente?! ¡¿No íbamos a regenerar este país?!”
Gloria me hace un gesto para que baje la voz, porque me he emocionado demasiado y Lucía se ha quedado mirándome.
“Hay tanta gente maravillosa en este proyecto, y es tan necesario, que no pienso dejarlo sin alzar la voz. ¡Al menos tienen que escucharnos!
“¿Sabes qué, Papá? - interviene inesperadamente Lucía - Tu eres como Elsa, y lo que tienes que hacer es decirles que ya eres mayor y rugir para que te dejen otra vez en libertad. Cuando yo sea mayor pienso rugir, rugir y rugir.” - Y coloca las manos en forma de garra y se lanza sobre mí.
¡Es tan rica! Gloria se lleva a Lucía a bañar haciendo el avión. Luego me toca darle la cena, así que solo tengo unos minutos para pensar en lo listos que son hoy en día los niños.
Como narraba Randy Pausch en su libro “La Última Lección”, un león, antes de morir, lanza un sonoro rugido bajo la sombra de un árbol: quiere que todos le oigan, y sentirse orgulloso hasta el último momento de haber nacido, vivido y muerto en libertad.
Es tarde, y mañana toca madrugar. El hombre del tiempo pronostica un día soleado y de agradable temperatura. Un día estupendo para rugir, rugir y rugir.
http://www.youtube.com/watch?v=1qBK4RRpouQ
Un cuento de melodías
La música los unía.
Venidos de todos los pueblos del Reino, cientos de músicos se reunieron en torno a una ilusión: habían nacido nuevas melodías, y simplemente estaban ahí, esperando a ser tocadas por cualquiera.
Eran nuevos ritmos, sonidos y silencios, y no hacía falta ser un músico virtuoso para poder tocarlas. Sólo era necesario sentir las maravillosas melodías y querer mover a la gente con ellas. Y todos sentían que podían hacerlo, porque no solo las armonías eran fantásticas, sino que también lo eran las personas que querían tocarlas. Músicos de siempre y otros nuevos que, simplemente, se sentían parte de algo que siempre habían estado esperando.
Marco era un hombre apocado, sin demasiado virtuosismo para ser un genio de la música, pero con el suficiente oficio para saber cómo debía tocarse una melodía para que la gente le siguiera. Y lo que es más importante: sabía que lo decisivo no era la melodía en sí, sino rodearse de colegas que, leales hasta la muerte, le siguieran enarbolando los nuevos ritmos. Bastaba para ello con hacerles algún truco de magia utilizando la Mentira para convertirlos en ovejas, y él siempre había sido un buen pastor.
Todo el mundo conocía a Marco desde pequeño por el apelativo de Mamón, derivado de su afición, desde niño, a ser un chupón jugando al fútbol, así que Marco se convirtió para todos, desde su infancia, en Mamón, y prácticamente nadie sabía su verdadero nombre.
Así que Mamón decidió ponerse al frente de las nuevas armonías, constituyendo un grupo de música integrado por varios miembros que, si bien tampoco eran virtuosos, al menos tocaban siempre sus mismos acordes y le permitían hacer su solo de guitarra, que le proporcionaba continuos momentos de gloria personal.
Pero Mamón, que no era ningún tonto, sabía que no era suficiente con tener melodías y músicos que las tocaran, sino que había que hacer silbar las notas para que sonaran bien, y para ello tenía que atraer a su grupo a nuevos músicos que tuvieran sus propios modos de tocar y que le permitieran brillar todavía más en su solo de guitarra.
Así que dio entrada a nuevas personas que tenían diversas virtudes, pero una común a todos ellos y de la que carecían los músicos originarios: no sólo sabían tocar, sino que también sabían componer.
¿Qué nombre podría tener el grupo? Puesto que su fundador era Mamón, bajo la brisa de las nuevas melodías él propuso un nombre que, a su entender, identificaba perfectamente lo que se esperaba de todos ellos: “The Mamones”. Y ya que al resto del grupo le interesaban sólo los nuevos ritmos y su influjo sobre la vida de los oyentes, nadie se opuso al nombre, y simplemente empezaron a tocar.
Sin embargo, Mamón advirtió que algo fallaba. Los nuevos músicos no dejaban de aportar nuevas canciones, y él las tocaba con ellos pero sin nada original que aportar por su parte. Y se estaba acercando el Gran Concierto, donde él pretendía brillar con luz propia. ¿Y si no le salía bien el solo de guitarra? ¿Y si los nuevos músicos gustaban más que él? Y lo que es peor: ¿Y si alguien empezaba a cuestionar su liderazgo sobre el grupo?
Había que buscar una rápida solución, y decidió pedir consejo a dos de sus grandes amigos: el Veto y la Mentira. Se reunió con ellos y elaboró una estrategia musical que no le podía fallar.
Dejaría que todos aportaran sus composiciones, pues no podía dejar de reconocer que sonaban preciosas con las nuevas melodías. Pero en el último momento enviaría al Veto para que no pudieran tocar en el Gran Concierto los mejores músicos, de tal forma que él mismo o alguno de sus colegas tendrían que tocar las nuevas creaciones. Así, tendría el éxito asegurado.
Pero quedaba suelto un cabo importante, y es que uno de los nuevos músicos había entablado demasiada amistad con los demás virtuosos, hasta tal punto que los coordinaba en algunas canciones y deslucían en exceso el solo de guitarra de Mamón.
Y, por otra parte, ese nuevo músico estaba muy pesado insistiendo en que el Gran Concierto debía ser retrasado al menos unas semanas para que las nuevas canciones y armonías sonaran tal y como las habían concebido sus creadores. Y eso podía estropear el momento de gloria esperado por Mamón, cuyo solo de guitarra debía sonar cuanto antes para luego poder salir de gira triunfal por todo el Reino.
Así que Mamón envió a la Mentira a susurrar al oído del músico, pero ocurrió algo inesperado: esta vez el truco no funcionó, y el nuevo compositor no se transformó en oveja, sino en guepardo, y enseñando los dientes mordió a la Mentira y sacó la lengua al propio Mamón.
¡Era inaudito! ¿Cómo se atrevía ese Don Nadie a sacarle la lengua a él, el líder de “The Mamones”? Algo había fallado en el truco, y lo malo es que al día siguiente tocaba ensayo general antes del Gran Concierto. ¿Y si el rebelde hablaba con el resto de miembros del grupo y le estropeaban su momento de gloria? ¿Podrían incluso echarle del grupo? ¿De su grupo?
Había que moverse antes del ensayo general, así que Mamón llamó a todas sus ovejas del grupo, incluso a aquellas que hacía muchos meses que no acudían a tocar con ellos. Vinieron incluso de otros reinos lejanos, pero nadie podía resistirse a los balidos desesperados de Mamón.
El día del ensayo general Mamón se tranquilizó, ya que su llamada había conseguido que las ovejas superaran en número a los guepardos, aunque había más de los que había imaginado. Allí mismo, los guepardos se hicieron acompañar de la Honestidad, y descubrieron los ardides de los dos amigos de Mamón, la Mentira y el Veto, y el propio Mamón reconoció el recurso a sus dos compadres de siempre. Y las ovejas, que sólo saben balar, ni siquiera repararon en el Veto y la Mentira, sino que entonaron su mejor canción para alabar (o, mejor dicho, para balar) las bondades del supremo artífice del solo de guitarra.
La mayoría impuso su rodillo, pero Mamón estaba tremendamente contrariado. El Gran Concierto se había suspendido y ahora ya no podía tocar ante todos. Y los guepardos se habían marchado del grupo y ya no tocarían nunca más con él, lo que implicaba que las nuevas melodías ya no serían tan atractivas para todos.
Pero, al menos, ahora el grupo era su fiel reflejo. Utilizando el truco de los balidos, a la Mentira y al Veto, todos tocaban al unísono porque a todos se les había prometido un solo de guitarra. Lo que desconocían las ovejas era que, en realidad, la promesa consistía en escuchar siempre el solo de guitarra de Mamón.
Las canciones no sonaban tan bien como antes, pero al menos tenían el público asegurado con las nuevas melodías, y lo importante era que tenía perfectamente identificados a los enemigos guepardos, con lo que podía seguir tocando y cantando sin problemas siempre que tuviera a alguien en el puesto de vigilancia para avisar si venían.
No obstante, en el Reino empezó a ocurrir algo mágico. Cuentan las leyendas que la Honestidad hizo transparentes a los guepardos y, a su vez, todo lo que éstos miraban también se volvía transparente, de tal manera que Mamón y sus ovejas no podían identificarlos. Y, además, la Mentira y el Veto también se hacían transparentes.
Nuevas composiciones llegaron a los oídos de todos y se desplazaban sobre la brisa de las nuevas melodías, y la Honestidad atrajo a muchos antiguos músicos que, cansados de la Mentira y el Veto, empezaron a tocar y tocar hasta que Mamón, un día y sin previo aviso, simplemente se disolvió.
Así finalizó la trayectoria de un grupo que pretendió encabezar los ritmos, sonidos y silencios que llenaban de armonía el Reino, y las leyendas cuentan cómo un día, hace mucho, mucho tiempo, la Honestidad venció a la Mentira y al Veto con un truco de magia: hacer transparente a “The Mamones”.
Tengo 21 años y curso 3º de Derecho. Durante el instituto me quedó claro que, antes que nada en mi vida, deseaba ser Juez. Aunque esté mal que yo lo diga, siempre he tenido una sensibilidad especial, y la Justicia es uno de los valores que quería bajar a la tierra para que, a través de ella, fuera posible incidir en la vida de las personas..
En turno de tarde acudo, como cada día, a mis clases en la Universidad. Me encuentro con una manifestación enorme cuyo lema, escrito en una inmensa y preciosa pancarta, reza: ¡ESTUDIANTES CONTRA BOLONIA! Sin embargo, no me incorporo a la ingente masa de compañeros que, con sus proclamas, animan al personal desde primera hora de la mañana. Tengo clase y llego tarde.
Sentado en primera fila tengo la suerte de escuchar las enseñanzas de D. Eduardo de los Montes Quintero, insigne jurista con más de 20 años de experiencia en la Universidad y millones de libros y artículos publicados. ¿Cómo puede un hombre con su trayectoria dar tal plomazo de clases? Ya sé que los conocimientos básicos sobre cualquier materia son esenciales para la formación de un futuro abogado (en mi caso, un futuro Juez), pero lo cierto es que habría que exigir algún mínimo de capacidad docente a las personas, algún tipo de empatía con el alumnado, algún tipo de entrega personal en cada una de las clases. En definitiva: una capacidad de atracción de los oyentes y de emoción hacia las enseñanzas. A mitad de semestre, ya sólo acudimos unas 25 personas a clase de más de 110 matriculados, y yo continúo haciéndolo porque no quiero faltarle el respeto al profesor, aunque ya no sé quién falta el respeto a quién y decido que, a partir de mañana, dejaré de acudir y me pondré a estudiar por el libro.
La siguiente hora le toca a Álvaro Tudela Macizo. Es un tío muy joven, de unos 26 años y que, según las chicas, hace honor a su segundo apellido. Los primeros días la expectación fue grande, y no sólo por parte del sexo femenino, sino por todos los alumnos que esperábamos nuevos bríos. Expectativas truncadas: Álvaro resultó ser un recién doctorado con varios artículos publicados, fruto de otros artículos y libros leídos, que no ha pisado en su vida un juzgado y que, a pesar de su alegría, no transmite la conexión del Derecho con la realidad o con la vida de la gente. Muchos profesores dicen que lo importante son los contenidos, pero lo cierto es que, al menos yo, necesito que me los empaqueten y me los vendan convenientemente. Nunca he entendido por qué, en una empresa privada, existe un departamento de fabricación y otro de ventas y, sin embargo, en la universidad da por supuesto que quien elabora un conocimiento también tiene las mejores cualidades para transmitirlo.
Para colmo, resulta que el famoso Plan Bolonia cambia el formato y estructura de las carreras, y el próximo año quería valorar un posible cambio entre Universidades. Pero, ¿qué estructura de carrera va a seguir cada una de ellas? ¿Cómo van a convalidarme los créditos? No tengo ni idea y, lo que es peor, tampoco las diferentes universidades que he consultado lo tienen claro, lo que me deja absolutamente a ciegas en mi decisión. Aunque creo que, al final, la fortuna me sonreirá, porque la Ministra de Educación ha dicho en la tele que, con el Plan Bolonia, seremos las generaciones mejor preparadas de la historia.
Durante 3 años he trabajado por la mañana en una empresa de consultoría informática para pagarme los estudios, pero hace casi un año, con una palmadita en la espalda y muchos agradecimientos, me despidieron. La empresa tiene pérdidas económicas, pero el dueño sigue viniendo a trabajar en su Porsche Cayenne y vive en la Moraleja.
Ahora busco activamente trabajo, y en el Servicio Regional de Empleo me han ofrecido un curso de ofimática que, según ellos, se acomoda a mi perfil (y mira que he insistido en que mi orientación es la Justicia, pero no había plazas en cursos jurídicos), así que he empezado hace un par de semanas en un centro de formación de un prestigioso Colegio Profesional.
¡Ya no soy, estadísticamente, un desempleado! Decididamente, debo considerarme un afortunado, porque me despiden pero no estoy en paro, aunque psicológicamente no me mejora en absoluto. Cinco horas cada día y dos profesores que me enseñan las mismas cosas en las que llevo trabajando tres años. Al menos tengo más suerte que la gente a quien orientan para montar su propio negocio, con los que coincido en el descanso del café, y cuyos comentarios comunes son: “¡Este tío no ha montado una empresa en su vida!” o “¡Me está leyendo el Manual del Emprendedor!”
He reclamado a la empresa por mi despido y por el finiquito que no me ha abonado, y parece ser que he tenido bastante suerte, ya que el juicio por despido sólo tardó 4 meses y, la reclamación de cantidad, sólo 9 meses. Pero cobrar, lo que se dice cobrar, será otra historia, porque la empresa no tiene dinero para pagarme más de 20 días por año por supuestas pérdidas constantes (con tres años de antigüedad me echarán con dos meses de salario). ¿Se cuentan en esas pérdidas los sueldos de los directivos que también son dueños de la empresa?¿Y qué pasa con los dividendos ya pagados, o con las retribuciones de los administradores? El juez ha declarado procedente mi despido con sólo analizar la cuenta de pérdidas y ganancias y unos gráficos aportados por la empresa. ¡Y la sentencia ocupaba sólo dos hojas!
Al menos también ahora he tenido suerte, porque mi compañero Alfonso ha reclamado frente a la denegación de una beca y le han señalado como fecha del juicio el 17 de marzo de 2011.
Sentado en un banco del parque de la villa de París, junto al Tribunal Supremo y el Consejo General del Poder Judicial, escucho en mi MP4 “Peter Pan”, de El Canto del Loco, y observo a la gente sonreír mientras toman unas cañas. Los niños corretean felices, y los padres me miran con recelo. Creo que se dan cuenta que estoy bastante perdido y, ahora mismo, más que ser juez, quisiera ser de nuevo sólo un niño. Mi educación, mi trabajo, mi justicia, parece que no se escriben con mayúsculas, pero a nadie parece interesarle demasiado. Supongo que piensan que ya es tarde para luchar por mí y que ya llegará el momento de luchar por sus hijos cuando vayan creciendo. Simplemente yo no soy su “ahora”.
Me traslado a un balancín para niños, sin reparar en un anciano que se acerca y me dice “¿Puedo?”, y, a continuación, se sienta en el otro extremo. Tiene un pelo plateado abundante, ojos vivaces, y una sonrisa de niño inconfundible para cualquiera que lo haya sido. De sus bolsillos extrae dos trozos de tela blanca y, ofreciéndome uno de ellos, se coloca el otro tapándole los ojos, incitándome a que haga lo mismo. Aunque la situación es un poco rara, en un sitio como ese no puede pasarme nada, así que me coloco la tela a modo de venda en los ojos y empezamos a columpiarnos.
La sensación es muy agradable, y en pleno bamboleo me permito gritar a ciegas: “¿Qué estamos haciendo?”. A lo que el anciano contesta: “¡Sólo JUSTICIA!”
Exhausto por el vaivén del balancín, el anciano me saluda con un gesto y se encamina hacia la puerta del Tribunal Supremo. Tras cruzarla, desaparece de mi vista. No me lo puedo creer. Miro el trozo de tela blanca y, casi sin querer, se me escurre una sonrisa. ¡Qué ganas tengo de llegar a clase!
Insultos gruesos (¡Facha!, ¡Fascista!, ¡Nazi!, ¡Hijo de Puta!), escupitajos e intentos de agresión, con 9 policías heridos por el camino.
Contrariamente a lo que podamos pensar, no estamos hablando de la habitual y permanente agresión de los proetarras hacia cualquier representante democrático, sino de la acción coordinada de representantes sindicales contra Juan José Güemes en el Hospital Clínico San Carlos y en el Hospital Puerta de Hierro de Majadahonda.
Si bien no negaré que el actual Consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid no es precisamente santo de mi devoción, lo cierto es que el personaje en cuestión es un representante de los ciudadanos democrática y mayoritariamente elegido en las últimas elecciones autonómicas a la Comunidad de Madrid celebradas allá por marzo del año 2007 y, por tanto, debe ser tratado con el respeto que merecen la mayor parte de los madrileños que se han decidido por el Partido Popular.
Sería perfectamente posible que me decidiera por colaborar en una Mesa de recogida de firmas en favor del Manifiesto por la Lengua Común ubicada en Barcelona, defendiendo aquello en lo que creo y tratando de hacer participar a la sociedad en ello. Si, de pronto, unos extremistas catalanes me llamaran facha e hijo de puta, y, además, me escupieran, sin duda nos faltaría tiempo para afirmar, con toda la razón del mundo, que realmente los fascistas son ellos y que condicionan la libertad de las personas. Y si, para colmo, terminan agrediendo a los policías que tratan de protegernos, no dudaríamos en elogiar la actitud de aquéllos en la garantía de nuestros derechos, y en manifestar la repugnancia que nos producen los insultantes asaltantes.
Sin embargo, parece que cuando los insultos y agresiones provienen del colectivo sindical, tradicional teórico garante de los derechos de los trabajadores, y el destinatario de las ofensas verbales y físicas es una persona del Partido Popular, tradicional teórico representante de la derecha en este país de etiquetas, la repugnancia que debiera producir un mismo comportamiento se transforma en la búsqueda inmediata de justificantes.
¡Basta ya de milongas! Las actitudes violentas de las personas nunca se justifican por la tendencia ideológica de quien las produce ni de quien las recibe. Y en el caso que nos ocupa, podemos afirmar que hemos asistido al nacimiento de una nueva figura que, quizás, debiera ser objeto de regulación específica por nuestro ordenamiento jurídico: El SINDICALISTA FASCISTA.
Se entiende por SINDICALISTA FASCISTA aquella persona que, estando dedicada a la defensa de los derechos e intereses de los trabajadores, dedica en realidad todo o parte de su tiempo a perseguir, insultar y lanzar humedades contra los representantes legales del pueblo.
Lamentablemente, he tenido que escuchar comentarios como el siguiente: "Es que Güemes, con lo prepotente que es, se lo va buscando". Y lo cierto es que el personaje es un poco arrogante y soberbio, pero eso no nos puede hacer olvidar que se trata de alguien escogido directamente por los madrileños.
¿No nos gusta su gestión en materia sanitaria? Pues vamos a manifestarnos allí donde pueda aparecer con nuestras pancartas y eslogan. Pero de ahí a gritarle Nazi y escupirle hay un paso de gigante: el que separa a los demócratas de los fascistas.
Pero si es un sindicalista quien insulta y escupe, siempre tendemos a buscar alguna justificación, y aquí la tenemos muy fácil: se está privatizando la sanidad. Eslogan que, tras repetirse una y otra vez, termina calando en las mentes que no existen, porque no piensan.
El sindicalista, tras su enfrentamiento con la policía que trata de garantizar la seguridad del representante electo, sufre una herida en una mano. Acude inmediatamente al hospital, o al centro de salud más cercano, para que lo curen, y se da cuenta que, tras la asistencia sanitaria, no tiene que pagar nada. Con su pancarta enrollada bajo el brazo donde se lee "No a la Privatización de la Sanidad" se sube al coche que le espera y pregunta: “¿Y dónde nos toca mañana?”
¿De dónde sale tanto odio? ¿Es realmente odio o sólo interés? ¿Al sindicalista le importa realmente la sanidad?
Cristina Alberdi, socialista de pro y en su día Ministra de Asuntos Sociales (1993-1996) recordaba el otro día que, durante su gestión, acudió a la gestión privada de diferentes servicios sociales. ¿Dónde estaban entonces los sindicalistas para insultarle o agredirle? Si un socialista se decide por la gestión privada, ¿la decisión tiene una pátina progresista?
Al día siguiente, nuestro sindicalista fascista, como labor sindical a realizar a primera hora de la mañana (las 11,00 h.), se reúne en un bar con compañeros de fatigas para comentar, entre risas, cómo le caía el escupitajo por la cara al mismísimo Consejero de Sanidad. A continuación, a las 13,00 h., acude a la sede sindical para fijar el día y hora de su próxima acción. A las 14,00 horas, a comer y luego a casita.
Mientras come, recuerda cómo un idealista celador, hace 9 años y con 15 kilos menos, fue elegido por sus compañeros de hospital para defender sus derechos: mantenimiento de derechos adquiridos, condiciones de seguridad, trienios, nocturnidad, complementos específicos, etc. Ahora está liberado y cae en la cuenta: -"Pero si hace dos días que no me paso por allí".
En ese momento, una noticia en la televisión del bar: Unos encapuchados, con el puño en alto y en palabras que parecen vascas, están gritando a Patxi López, llegando a acorralarlo. Indignado, barrunta entre dientes: "¡Malditos fascistas!"